Por primera vez después de siete siglos, he aquí la Mezquita de Cordoba tal como la pudo ver en 1260 el rey Alfonso X el Sabio, quién soñó con tener en ella su tumba. Encargó a cuatro obreros musulmanes de velarla, con el fin de que en la mezquita ninguna cosa fuera destruida o sustraida.

Para evocar este gran momento de la epopeya espiritual de Al Andalus, esta maqueta recrea en el esplendor de sus 900 columnas, este vuelo de arco iris señalando el infinito.